
Que lástima che, era un pibe bueno.
Pero que se le va a hacer, anda a saber que le andaba pasando.
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Era un muchacho tranquilo, que vivía en una ciudad tranquila de habitantes tranquilos.
Su familia no desentonaba con el entorno. Eran humildes, con ciertos problemas económicos, el padre había muerto hace ya un tiempo, fue un golpe duro que ya habían superado pero no olvidado.
Además tenía amigos, no muchos, pero buenos amigos. Se rumoreaba que estaba enamorado de una chica.
En la época en que sucedió el hecho, él se mostraba feliz, satisfecho y con muchos proyectos por realizar.
Tenía el pelo largo, nunca se lo había dejado así, siempre se lo cortaba bien corto, pero era una época de cambios en su vida.
Es raro que esto haya influído tanto en su vida. De vez en cuando se quejaba que el pelo le molestaba, que no lo aguantaba mas y que un día de esos se iba a rapar como antes, pero todos le decían que le quedaba bien y que se lo deje así, y el les hizo caso a pesar que el flequillo le molestaba en los ojos. A veces esto lo ponía de mal humor y reaccionaba mal, se ponía bastante nervioso. Era una picazón insoportable, el se corría el pelo, pero le volvía a caer en los ojos y esto lo volvía loco, se transformaba en otra persona, arrojaba todo lo que tuviera cerca, golpeaba las cosas. Llegó a ponerse esos clips para el pelo, para despejarse la vista de aquellos insaciables seres que le picoteaban los ojos.
Ya la locura lo había sobrepasado, su personalidad había cambiado. La gente que lo rodeaba lo veía diferente. Pero nadie hubiese pensado, en lo que el iba hacer.
Un día despertó y se levantó de buen humor, pero en un momento el flequillo cubrió su vista, eso ya lo trastornó un poco. Se acomodó el pelo como pudo y salió. Primero fue a ayudar a su madre en el trabajo, mientras acomodaba unas cosas el flequillo descendió hasta bloquearle la visión, y no veía lo que estaba haciendo, estuvo a punto de tirar todo al carajo, pero reprimió esas ganas. Para complicar las cosas llegó una persona muy fastidiosa, que solamente hablaba estupideces, él soportó esas estupideces y se fue lo antes que pudo.
Volvió a su casa dispuesto a pasar un buen momento escuchando música, y usando la computadora, pero esto no fue posible porque el maldito flequillo estaba ahí, al acecho, dispuesto a abrumar a su portador.
Pero no aguantó mas tan insufribles alimañas retorciéndose en su frente.
Tomó unas tijeras e intentó cortarse el flequillo, pero se dio cuenta que no podía. El endemoniado flequillo comenzó a atacarlo, le mordía los ojos, trataba de arrancárselos. Fue una lucha interminable en la que el infernal cabello atacaba y él se defendía como podía, se golpeaba contra las paredes, se revolcaba en el piso, lloraba, gritaba, rezaba, pero nada de esto servía, los mechones como serpientes eran mas poderosos. Agarró una botella de alcohol, un encendedor y se prendió fuego la cabeza, pero esto no calmó a las fieras que tenía en su cabeza, ahora parecían salidas del mismo infierno con todo ese fuego a su alrededor. Ahora atacaban con mas fuerza, le mordían los labios, se le metían por la nariz y la boca, le devoraban los ojos.
Entonces salió corriendo con la cabeza todavía prendida fuego y saltó por el balcón.
Y así lo encontraron estampado contra el piso, con la cabeza prendida fuego, todo golpeado y con los ojos vacíos.
1 comentario:
Buena ondaaaaaaaaaaaa
el gerva
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